El pan nuestro, de César Vallejo
By: Enrique Torres
César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892 – París, 15 de abril de 1938) fue un poeta y escritor peruano. Es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX y el máximo exponente de las letras en su país. Es, en opinión del crítico ThomasMerton, «el más grande poeta católico desde Dante, y por católico entiendo universal» y según Martin Seymour-Smith, «el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas».
El pan nuestro, de César Vallejo
El pan nuestro es un poema escrito por el poetaperuano César Vallejo y pertenece a su primer libro, Los Heraldos Negros.
César Vallejo recibe la influencia de poetas como Baudelaire y Rubén Darío y su estilo evolucionó de manera íntima e independiente, tendiendo cada vez más hacia la desnudez del lenguaje, acercando su poesía al pueblo.
En El Pan Nuestro, César Vallejo elige como tema principal la pobreza, que por medio de la metáfora del pan, el poeta transmite el sufrimiento terrenal del hombre. Con un vocabulario sencillo y referencias litúrgicas y bíblicas, como es recurrente en la obra del escritor, éste poema escrito en verso nos dirige por los sueños utópicos del poeta, esos sueños de poder alimentar a los pobres, de permitir cambiar la realidad, pero también nos deja con un sentimiento de culpa, ignorancia y frialdad.
El pan nuestro
Se bebe el desayuno... Húmeda tierra
de cementerio huele a sangre amada.
Ciudad de invierno... La mordaz cruzada
de una carreta que arrastrar parece
una emoción de ayuno encadenada!
Se quisiera tocar todas las puertas,
y preguntar por no sé quién; y luego
ver a los pobres, y, llorando quedos,
dar pedacitos de pan fresco a todos.
Y saquear a los ricos sus viñedos
con las dos manos santas
que a un golpe de luz
volaron desclavadas de la Cruz!
Pestaña matinal, no os levantéis!
¡El pan nuestro de cada día dánoslo,
Señor...!
Todos mis huesos son ajenos;
yo talvez los robé!
Yo vine a darme lo que acaso estuvo
asignado para otro;
y pienso que, si no hubiera nacido,
otro pobre tomara este café!
Yo soy un mal ladrón... A dónde iré!
Y en esta hora fría, en que la tierra
trasciende a polvo humano y es tan triste,
quisiera yo tocar todas las puertas,
y suplicar a no sé quién, perdón,
y hacerle pedacitos de pan fresco
aquí, en el horno de mi corazón...!
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